La baldosa fue descubierta en Elordi 67, lugar donde Alberto trabajaba hasta el momento de su desaparición, en presencia de su esposa Graciela Aleman y demás familiares, autoridades de la Fundación Bariloche y representantes de organismos de Derechos Humanos.
Estas baldosas designan personas, denuncian hechos y autores del horror vivido, a la vez que obligan a reflexionar, a encontrarse con los hechos y a mantener viva la memoria de lo sucedido para que no ocurra "Nunca Más".